No es la unidad de España, es la supervivencia de la monarquía

Tercera+RepúblicaNo es la unidad de España, es la supervivencia de la monarquía y, por tanto, de todo el Régimen del 78 lo que está en cuestión desde el minuto uno del “Procés”. Así lo han visto el PP y el PSOE, así lo han visto las grandes patronales españolas y catalanas (con la puesta en marcha del sabotaje económico), así lo han visto la práctica totalidad de los medios de comunicación (con la acentuación de su “periodismo de Estado”) y así lo vió, obviamente, el monarca que, en la noche del 3 de octubre de 2017, compareció en TV, no como Rey (eso lo deja para nochebuena), sino como Jefe de Estado. Un Jefe del Estado que no está dentro ni por debajo  de la Constitución sino al lado y hasta por encima de la misma.

Y no he mencionado a Ciudadanos no por olvido, sino porque Ciudadanos es el “Partido de la Provocación”, el germen de otra cosa que puede ser letal, si no lo evitamos, para la democracia misma.

La transición en España fue construida sobre tres grandes silencios: silencio sobre la monarquía, silencio sobre el modelo territorial del Estado y silencio sobre la memoria colectiva de las víctimas de la represión fascista.
A partir de la década de los 90 los tres silencios comenzaron a romperse. El desarrollo de un gran movimiento popular y plural por la recuperación de la memoria histórica ha conseguido que ya nadie pueda ocultar que España es el segundo país del mundo, tras Camboya, en número de desparecidos. Hoy día la monarquía se sigue manteniendo sobre el secuestro de la soberanía popular y el proceso soberanista abierto en Catalunya pone en evidencia la necesidad de la salida federal junto al reconocimiento del derecho de autodeterminación de todos los pueblos que componen esta realidad plurinacional llamada España.

Cataluña ha sido la avanzadilla en momentos claves de la historia de España que han supuesto avances democráticos, conquistas sociales o progreso. Y el proceso allí iniciado servía en bandeja la posibilidad del inicio de un proceso constituyente (no una reforma constitucional). Proceso constituyente por agotamiento del contrario. Saltar los resortes políticos y jurídicos de la legalidad vigente, ya que “cuando la realidad supera a la ley, hay que cambiar la ley y no la realidad”.

Los procesos constituyentes son el resultado de una determinada  correlación de fuerzas, con mucha gente en la calle. Eso se ha dado en Catalunya, pero no en el resto del Estado. Y no se ha dado en el resto del Estado por miedo, por abandono de las direcciones de las fuerzas rupturista de carácter estatal (es difícil asimilarlo pero lo pienso así), dejando así a más de dos millones de catalanes y catalanas en soledad (multitudinaria pero soledad) frente a todo el poder de un Estado dirigido por los supervivientes del régimen del 78.

Hay que recordar que la izquierda española ha recogido en sus programas políticos el Derecho de Autodeterminación. El PCE desde su fundación en 1920-21 (aún está en su manifiesto programa vigente) y el PSOE lo estuvo proclamando a los cuatro vientos hasta finales de los años 70 (aunque de estos mejor ni hablar). Y hay que recordar, también, que el Derecho de Autodeterminación, no significa apoyo a la independencia. Más aún, somos mayoría los que apoyando tal derecho pensamos que un Estado catalán independiente no es ni posible, ni aconsejable ni tiene el apoyo popular que lo haga viable.

La clave es la República y no la independencia. Si nos hubiésemos encontrado con un movimiento, al más viejo estilo carlista, pidiendo el reconocimiento del “Reino o Principado de Cataluña” (Dios, Rey y Fueros Viejos), la derecha española y la Casa Real se hubiesen aprestado raudos a acordar una nueva relación de Cataluña con el Reino de España. Pero nos hallamos ante el proyecto de la “República Catalana”. Y una República catalana podría llegar (llegaría) a una acuerdo de federación, o confederación, con la República española, quedando así ahuyentado el “sempiterno” peligro de la “ruptura de España”. Y llegados a este supuesto nos encontramos con un “pequeños detalle”, la forma de Estado de España no es la República, es la monarquía, legalmente somos el Reino de España. Conclusión: el problema para la continuidad del proyecto llamado España no es el “Procés”, sino la monarquía.

Juan de Dios Villanueva Generoso